Una nevera llena y un restaurante cerrado. Así empieza esta historia: Pamplona, Norte de Santander, la pandemia recién decretada, y frente a nosotros frutas, verduras y hortalizas frescas que los campesinos de la región habían cultivado con esfuerzo. Podíamos dejar que se dañara todo. Pero en esta familia, botar comida nunca fue una opción.A full fridge and a closed restaurant. That's how this story begins: Pamplona, Norte de Santander, the pandemic just declared, and in front of us fresh fruits, vegetables and greens that local farmers had grown with great effort. We could have let it all spoil. But in this family, throwing food away was never an option.
Seis meses antes habíamos abierto El Tarantin: un sueño familiar, un restaurante que unía la cocina colombiana y la venezolana en un mismo plato. Todo iba de maravilla—hasta que el mundo se detuvo. La pandemia nos cerró las puertas, pero no la ilusión. Y en esa incertidumbre encontramos nuestro verdadero propósito: aprovecharlo todo, no desperdiciar nada—lo que hoy llaman Zero Waste y en casa siempre se llamó respeto por la comida.Six months earlier we had opened El Tarantin: a family dream, a restaurant bringing Colombian and Venezuelan cooking together on one plate. Everything was going great—until the world stopped. The pandemic closed our doors, but not our spirit. And in that uncertainty we found our true purpose: use everything, waste nothing—what they now call Zero Waste, and what at home was always called respect for food.
Empezamos a rescatar esos alimentos: aprendimos a deshidratarlos para alargarles la vida y conservar sus vitaminas, su fibra y sus nutrientes. Y lo que nació como supervivencia terminó en invención: mezclamos los vegetales deshidratados con sal marina de La Guajira, los infusionamos con cerveza negra y vinos, y creamos sazonadores 100% naturales, sin químicos ni conservantes.We began rescuing that produce: we learned to dehydrate it to extend its life and preserve its vitamins, fiber and nutrients. What started as survival ended up as invention: we blended the dehydrated vegetables with sea salt from La Guajira, infused them with black beer and wines, and created 100% natural seasonings—no chemicals, no preservatives.
Hoy aquella nevera se convirtió en un motor de economía circular. Compramos los excedentes de cosecha a nuestros agricultores locales para que nada se pierda en el campo, trabajamos de la mano con las mujeres cabeza de hogar de la Asociación de Mujeres Emprendedoras del Cristo Rey (AMECR) y gestionamos nuestros residuos con la Asociación Ambiental RENACER.Today that fridge has become an engine of circular economy. We buy crop surpluses from our local farmers so nothing is lost in the field, we work hand in hand with the women heads of household of the Cristo Rey Women Entrepreneurs Association (AMECR), and we manage our waste with the RENACER Environmental Association.
De una cocina pequeña en Pamplona a una patente de invención, al mundo digital y a Estados Unidos. Y todo por no querer botar comida: en El Tarantin demostramos que cualquiera puede cocinar delicioso, cuidar su salud y proteger el planeta—sin escoger entre las tres.From a small kitchen in Pamplona to an invention patent, to the digital world, to the United States. All because we refused to throw food away: at El Tarantin we prove that anyone can cook delicious food, care for their health and protect the planet—without having to choose.